Volver a la rutina después de atravesar una experiencia tan transformadora como el cáncer 😕 no es simplemente reincorporarse a la vida tal como era antes o como la conocías antes de este momento cuando te diagnosticaron y la vida se te puso patas arriba, para bien o para mal, lo que si sin duda fue para transformarte de una manera que nunca imaginaste desde las fibras más profundas, aunque claro aquí hablo desde mi experiencia. Lo que si he podido escuchar de muchas personas que han pasado por esta enfermedad y es mi experiencia también, es que nada vuelve a ser como antes, ni siquiera parecido a lo que conocías o como una se imaginaba cuando termino los tratamientos más invasivos para ésta enfermedad. Recuerdo que ese día hasta toque una campana, no me imaginaba que aún quedaba un largo camino con baches y muchas curvas. Y es que con algunas perdidas físicas y emocionales, miedos que hasta este momento no conocía, debilidad y un cuerpo que desconoces y a penas te estas acostumbrando a el y su nueva realidad, te toca construir una nueva vida a partir de lo que queda de la anterior que ya a estas alturas es poco, son más los recuerdos de la que fuiste de lo que realmente queda de esa persona que eras, porque todo cambia: tu cuerpo, tu mente, tus prioridades, e incluso las relaciones que creías inquebrantables.
En mi caso, pasar por un tratamiento de quimioterapia, cirugía, radioterapia, y ahora estar con doble tratamiento hormonal y con abemaciclib, ha sido un proceso largo, arduo, sobre todo muy desgastante, desafiante y cansón. A pesar de que los tratamientos más invasivos terminaron en octubre 2023, el cuerpo sigue arrastrando los efectos secundarios. Mis defensas aún están bajas, tengo anemia y mucha debilidad, sin contar las dolencias y problemas óseos que forman ya parte de mi día a día por todo lo que va sucediendo en el cuerpo luego de someterlo a estos tratamientos, ahora mi cuerpo es más propenso a un sinfín de problemas que antes no conocía o que simplemente nunca había experimentado. Ya que realmente siempre fui una persona bastante sana, con sus detalles como todos pero no propensa a gripes ni a sentirme mal a diario. Poco a poco, te das cuenta de que lo que antes te resultaba familiar hacer, comer, experimentar ahora se siente extraño y muchas veces bastante desgastante. Lo que antes era tu "normalidad" ya no es aplicable. El cansancio es diferente, y cuesta mucho que se vaya, parece que se instalo en ti y no te quiere abandonar, las capacidades físicas han cambiado, y lo que en el pasado podía ser una molestia pasajera, ahora parece convertirse en algo más serio y duradero. Sin contar que ahora cualquier cosa despierta todas las alarmas en ti pensando que has vuelto a enfermar y en los médicos también, ya que eres un paciente oncológico, inmunosuprimido y con otro tipo de necesidades, que muchas veces ni siquiera aun las entiendes realmente, menos aún tu entorno.
Pero más allá de lo físico, la mente también se transformo. Las prioridades que tenías antes ya no son las mismas. Parece que de una u otra forma el lema es vivir lo que quede, el tiempo parece que cambio su significado y su valor, ya la muerte es más cercana y hablas de ella de manera distinta, los planes son a corto plazo, ya cuesta imaginarse un futuro lejano porque no sabes si estarás en el, y no quieres perder el tiempo en cosas sin sentido ni en cosas y personas que sabes que no te quieren ni les importas. Las cosas que antes parecían urgentes ahora se desvanecen frente a la prioridad y necesidad de cuidar este cuerpo que se ha vuelto más frágil y que día a día te recuerda que debes cuidarlo, priorizarlo y ahora es el, el que pone el ritmo, no tu y tus carreras por ser la mejor, o lograr el éxito con el que tanto soñaste. Tus sueños y deseos cambiaron, tu perspectiva de la vida también. Y a pesar de eso, hay un deseo profundo de volver a reincorporarte a la vida de alguna manera, es como jugar a parecerte un poco a la que dejaste atrás y quieres traer a tu presente, aunque realmente no sabes como, de recuperar alguna rutina que sea distinta a que tu vida gire alrededor de hospitales, citas, dolores y miedos de volver a enfermar, de volver al trabajo aunque cuando te toco volver me echaron a los 2 días porque ya no le servía a la institución universitaria donde trabaje por varios años, y aún estando de baja llegue a ayudar con algún trabajo y si que era funcional y útil, pero cuando volví el jefazo me dio la super excusa que ponen los cobardes "Me dijo que merecía algo mejor en esta nueva etapa de mi vida y su empresa no lo era", pero ya hasta mi sustituta existía, y resulta que antes mi curriculum estaba sobre cualificado para el puesto que ocupaba en la clínica universitaria donde trabajaba, pero después del cáncer y la baja ya no tenia las mismas habilidades y capacidades según el administrador que no me conocía de nada, ya que era una persona nueva en su cargo, y bastante borde y poco humana, no debe saber que en la vida existe algo que se llama karma, porque no se puede ser tan cruel y grosero con alguien que ni siquiera conoces y esta llegando de una baja, y en ese mismo instante vi caer las caretas de lo que creía eran mis compañeras de trabajo, me imagino que todo era para mi bien, aunque sin duda, me dolió por muchos motivos y continuando para no desviarme más del tema, así de injusto puede ser el volver a la rutina después de un cáncer, y luego de esa experiencia en la vuelta a la rutina laboral y la que ya traes recién vivida por la enfermedad, tus miedos, el tiempo aislada, se vuelve complejo la búsqueda de ese nuevo trabajo para reinsertarte de nuevo a la vida laborar, a reconectar con tus relaciones cuando pierdes la confianza en los demás, de sentir que, de alguna manera, estás regresando a una "normalidad" necesaria pero que parece imposible de alcanzar, aunque sea una nueva normalidad que aún estás aprendiendo a conocer y que no sepas aun como gestionarla y hasta donde puedes.
Es complicado vivir con la idea de que muchas veces sientes que esa nueva normalidad solo la entiendes tú. Para los demás ya todo paso y no entienden como quedaste, que te pasa, por que aún estas en tratamiento, las citas medicas mensuales, los controles que paralizan, etc. Las personas cercanas que siguen estando ahí, que no se fueron, se convierten en extraños en muchos sentidos. No saben lo que realmente está pasando dentro de ti, y aunque lo intenten, es difícil para ellos entenderlo. Es más fácil para todos, para ti y para ellos, decir en muchas oportunidades que todo está bien. Porque eso es lo que todos quieren oír, y eso es lo que te resulta menos complicado compartir, cuando dices esas palabras mágicas no hay preguntas, no hay malas caras, no hay cansancio, no hay mil consejos de quien no sabe por lo que estas pasando, no hay juicio por parte de los demás. Pero la verdad es que no está todo bien. Hay una distancia silenciosa entre lo que tu cuerpo realmente siente y lo que los demás perciben. Es un aislamiento que duele, que se siente pesado, muy largo, pero que a veces es más sencillo que tener que explicar algo que ni tú misma terminas de comprender y que no hay palabras para decir realmente que es lo que sucede cuando quizás es porque aun no lo has asimilado y no tiene nombre para poder decir que pasa realmente dentro de ti.
¿Cómo reincorporarte a la vida cuando te das cuenta de que las cosas no son como las conocías y como hasta ahora las habías hecho y te funcionaban y además como los demás esperan que las sigas haciendo? En mi caso, ni siquiera fue un regreso al trabajo normal, con tiempo para adaptarte y los brazos abiertos. Me despidieron, y ahora me enfrento al desafío de conseguir uno nuevo. Y claro, no es solo encontrar un empleo; es encontrar uno que se adapte a esta nueva realidad, a las citas médicas a las que no puedo faltar, a los cuidados que mi cuerpo exige, a mis tiempos, en fin a mi nueva yo. ¿Cómo se explica esta situación en una entrevista? Me lo he preguntado muchas veces. Me imagino que esto no se cuenta claro está, se miente y ya se verá que pasa. He pasado de sentirme fuerte, imbatible, llena de vida a sentirme vulnerable, frágil, con miedo y muchas cosas más, de ser independiente y poder con todo, a estar más pendiente de cada síntoma, de cada pequeño malestar, porque ahora todo parece más incierto y sé de lo que mi cuerpo es capaz.
Y aun así, aquí estoy, intentando y con ganas de volver al ruedo. aunque confieso que no se como. Pero este camino no es una simple línea recta. Es un sendero lleno de baches, de caídas y de momentos en los que te preguntas si realmente podrás adaptarte a este nuevo ritmo, a esta nueva vida. Hay días en los que sientes que avanzas, y otros en los que parece que retrocedes, emocional y físicamente. hay días que el mejor plan parece que es no salir de la cama y quizás así el tiempo se detenga y te de tiempo de hacer un nuevo plan o quizás aparece el famoso plan B. Las respuestas no siempre están claras, porque a veces ni siquiera sabes qué preguntas hacer. Estás conociendo a un nuevo ser, a una nueva tu, que habita dentro de ti, un ser que requiere más cuidados, más tiempo, más descanso, más paciencia, más tiempo para adaptarse a las exigencias diarias y sobre todo mas aceptación, amor y menos exigencia, expectativas.
Estoy aprendiendo, poco a poco, a conocerme de nuevo. Estoy descubriendo qué funciona, qué no, qué me ayuda a sentirme mejor y qué simplemente ya no tiene lugar en mi vida. Y creo firmemente que esto, este proceso de adaptación, debería formar parte del acompañamiento a las personas que, como yo, hemos pasado por un cáncer. Porque la recuperación no es solo curar el cuerpo, sino también aprender a vivir con él de nuevo, en esta nueva versión de nosotros mismos.
Todavía estoy en ese proceso. No tengo todas las respuestas, ni sé exactamente cómo será mi camino de aquí en adelante. Pero estoy decidida a encontrar mi nueva rutina, la que me funcione, no se cuanto tardare, en conocer mi nueva normalidad, por más compleja que sea. Y aunque nadie más lo entienda del todo, yo seguiré adelante, un paso a la vez, construyendo mi vida a partir de lo que soy ahora.
Yubiry V. Sebastián D.😕
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